SÁSABE

El valle de Borau. Un rincón oculto del Pirineo. En la cuenca del río Aragón. Entre los valles de Canfranc y de Hecho. En el primitivo Condado de Aragón.

Aquí hubo un monasterio en el que unos pocos visigodos huyendo de los árabes escondieron el Santo Grial.

En este valle rodeado de bosques brillaría por la noche el vaso de ágata protegido por unos pocos visigodos que huyeron hacia el Norte para escapar de la invasión, con el único tesoro que importaba.

Aquí se fundó un monasterio en el siglo X. Como parte de la campaña de reconquista, los monasterios se encargaban de organizar los territorios de sus respectivos valles.

El monasterio se construyó en la confluencia de los barrancos Calcil y Lupán, que originan con su fusión el río Lubierre, afluente del Aragón.

El río Lubierre pasa a pocos metros del templo, y a mayor altura que éste.

El agua se filtra, empapa el terreno, brota por doquier, baja en pequeñas cascadas por los escalones hacia el interior del templo.

Los monasterios se edificaban en lugares próximos a cursos de agua, pero no en zonas inundables. Los constructores de los templos románicos elegían el lugar para erigirlos con idea de perdurabilidad, y asentaban sus muros sobre sólida roca.

Pero en Sásabe no se hizo así. El de Sásabe es un templo distinto a todos los templos. Se edificó con criterios ajenos a la lógica y a las reglas arquitectónicas, ajenos a la tradición y a la seguridad.

En el entorno hay espacios con mejor calidad para cimentar un edificio, así que la elección del emplazamiento debió obedecer a algún criterio oculto.

Debió ser un motivo de gran importancia, para que provocara tan extraña decisión. Quizás una señal que no se nos ha transmitido.

Se ubicó el templo en una tierra sin asiento firme. Se cimentó sobre un terreno húmedo, abundante en materiales de arrastre de los barrancos. Con cimientos no de piedra sino de madera, puntales de madera soterrada.

Algún motivo de gran importancia debió de existir para edificar aquí y de forma tan excepcional. Alguna causa muy poderosa debió llevar a afrontar la dificultad.

Se edificó “sobre el agua”.

Quizás en busca de la hierofanía, de la manifestasción de lo sagrado.

En la portada oeste, la arquivolta central apea en capiteles labrados.

En uno de ellos, a pesar de su deterioro, se distinguen en la cara interior varias figuras: Seres desnudos entre ondas, ninfas del agua, almas en proceso de purificación por medio del agua que limpia y vivifica.

Quizás ahí, en la piedra, está escrito el secreto de Sásabe.

En el año 922 el monasterio de Sásabe se convirtió en transitorio obispado del Condado de Aragón.

Es una época en la que, ocupada Huesca por los sarracenos, no hay sede episcopal fija sino unos obispos itinerantes.

Ramiro I instituyó un “obispo de Aragón” con sede en Sásabe.

Así, el monasterio de Sásabe fue catedral de Aragón en tanto que sede de su obispo.

En el siglo XVIII del monasterio sólo quedó su iglesia, la ermita de San Adrián.

El río pasa justo junto a la ermita. Tan cerca, que cuando crece la inunda.

Quedó abandonado el santuario y el agua fue filtrándose hasta dar a la iglesuela un aspecto sobrecogedor.

El interior durante mucho tiempo fue un verdadero aljibe.

Desaparecido el monasterio, el río llenó de derrubios el interior del templo, lo fue colmatando y lo sepultó hasta no dejar a la vista más que su porción superior.

Había que acceder al templo por un ventanal situado sobre la portada, que permanecía, al igual que el ábside, bajo los escombros.

Hace unos años se desenterró y drenó pero los últimos metros de la cabecera permanecen bajo el nivel del suelo por lo que desde el exterior no se aprecia la gran altura de la nave.

Sigue sin ser fácil acceder a la ermita.

En época de estiaje se puede llegar haciendo equilibrios sobre piedras que sirven de pasaderas sobre el río Lubierre.

Pero cuando baja más agua, y si además hay helada, el templo se vuelve inaccesible.

En el siglo XI, el último de los obispos de Aragón en Sásabe, don García, hijo de Ramiro I y hermano de Sancho Ramírez, sacó de aquí el Grial y lo llevó a Bailo.

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