JUAN DE RIBERA

El Santo Cáliz aparece en la historia documentada cuando el rey de Aragón Martín el Humano solicita por carta que la Copa sea llevada al palacio de la Aljafería, en 1399 (existen menciones a documentos anteriores, pero éstos no se conservan).

Tiempo después el monarca lo traslada a Barcelona.

El Cáliz llega a Valencia con Alfonso el Magnánimo, quien lo instala en la capilla de su palacio.

Cuando el rey emprende las campañas de Italia, cede la reliquia a la Catedral valenciana, que se convierte así en custodio del Santo Cáliz.

El Cabildo pronto lo propuso al culto público.

Tal culto estaba ya consolidado cuando, el 26 de enero de 1585, el rey Felipe II visita Valencia y asiste a la procesión del Cáliz que había dispuesto el Patriarca-Arzobispo Juan de Ribera.

Este prelado dispuso también que se estudiara la autenticidad de las innumerables reliquias conservadas en la Catedral y mandó quemar muchas que los expertos consideraron falsas.

Respecto al Santo Cáliz, sin embargo, en la Biblia de su uso personal, en el margen del capítulo 26 del Evangelio de San Mateo, donde se narra la Última Cena, el Patriarca-Arzobispo apuntó: "hic calix usque hodie in hac nostra valentina ecclesia asservatur" ("este cáliz hasta hoy en esta nuestra iglesia valenciana se conserva"); a continuación describe el vaso y argumenta su antigüedad con una cita de Plinio sobre los vasos murrinos.

 

[En la imagen, la nota de Juan de Ribera en el margen de su Biblia].

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